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Diciembre es un mes en el que nos toca pensar. Es momento de reflexionar sobre cómo ha ido el año, qué hemos hecho y qué hemos pasado por alto. Pero también toca mirar al futuro y meditar sobre el año que entra y en los que lo siguen…

¿Qué pasará en nuestras empresas en los próximos años? Estamos inmersos en una revolución industrial protagonizada por tecnologías como la realidad aumentada, la inteligencia artificial o la robotización, y existe incertidumbre en nuestras organizaciones a la hora de abordar los retos tecnológicos que nos vienen.

Algunos estudios nos hablan de que el 47% de los puestos de trabajo desaparecerán en 10 años y que los robots pasarán de ocupar el 10% de las tareas industriales al 45% en la próxima década. Son cifras que asustan, pero no os estamos dando información nueva. Un ejemplo: a día de hoy tan sólo se mantiene el 1% de profesiones que había hace un siglo.

Esta revolución industrial no disminuirá los puestos de trabajo, sino que exigirá una adaptación de los roles de las personas en las empresas y surgirán nuevas profesiones.

Por tanto, ¿qué implica todo esto? CAMBIO. Esa palabra que nos produce tanto temor. Esa palabra que nos obliga a salir de nuestra zona de confort y tomar un camino que hasta el momento no conocíamos.

Nuestra sociedad cada vez está más globalizada, las personas nos movemos de una punta a la otra del mundo con naturalidad y la tecnología se ha democratizado hasta estar en la mano de la gran mayoría de la población. Entonces, ¿cuál es el papel de las personas en esta revolución tecnológica?

Las ideas humanas son las que hacen que la tecnología funcione y las acciones que las máquinas realizan surgen de una programación realizada por humanos. Por ello, para que las máquinas avancen, siempre se necesitará la mente y las manos de las personas. 

Ahora más que nunca, la persona se convierte en el activo principal de las organizaciones. Y si hay algo que nos diferencia a las personas y a la tecnología de manera significativa son la conciencia y las emociones.

Los robots toman decisiones en base a aspectos racionales, pero las personas incorporamos en los procesos de elección algo más que factores y probabilidades,, somos seres emocionales, con conciencia y valores éticos y morales.  

Somos las personas las que establecemos las reglas de juego en esta revolución tecnológica. Aunque la tecnología avance, siempre existirá un espacio de valor para los conocimientos que podemos aportar.

Si algo queda claro, es que los próximos años se encuentran llenos de oportunidades para el desarrollo de las personas y de las organizaciones. ¡Vamos a aprovecharlas!

Las personas somos la mejor tecnología jamás desarrollada y podremos, por el momento, diseñar, desarrollar y construir el mundo que queremos.

Eguberri on!