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Si todo el mundo cree que tu idea es buena, significa que has llegado tarde- Paul Hawken

Comprar un libro por internet, tener un ordenador personal en casa o una máquina que hace olas artificiales ¿Qué tienen en común estas ideas? Que cuando surgieron, muchas personas creían que no tenían ningún sentido y mucho menos que fuesen a tener éxito. Hoy en día Amazon, Apple o Wavegarden son empresas consolidadas y exitosas con modelos de negocio innovadores y que han sabido adaptarse a la realidad del mercado.

Las empresas nos movemos en la curva entre diferenciación y eficiencia. Estos dos factores van estrechamente unidos, ya que sólo la suma de ellos dos es lo que permite que una empresa sobreviva. Podemos tener uno ratio de eficiencia muy alto y procesos de trabajo muy estandarizados y optimizados, pero, si no tenemos una diferenciación clara respecto a la competencia, nuestra posición competitiva peligra, dado que nuestro entorno es de todo, menos estable.

Genéticamente parece que estamos diseñados para permanecer quietos: pensamos que es mucho más arriesgado moverse que quedarse quieto. Pero esto solo funciona cuando el entorno es estable, una situación que hoy en día es impensable. La situación que vivimos actualmente, donde los cambios son constantes, la economía avanza a pasos agigantados y el mercado es cada vez más exigente, no nos queda otra opción que movernos, para subirnos al tren del cambio y no quedarnos atrás. Sí, nos toca a nosotros innovar, avanzar y generar nuevas ideas de negocio, si no queremos que el sistema termine dejándonos fuera de la curva y desapareciendo.

Las empresas debemos innovar, buscar nuevas fórmulas relacionadas con la gestión de nuestras empresas y personas, nuevos canales de comercialización y nuevos mercados, aplicar nuevas tecnologías y detectar nuevas oportunidades de negocio centrándonos en lo que verdaderamente sabemos hacer bien y en lo que destacamos o creemos que podemos destacar en un futuro.

Definir una estrategia significa que esta debe ser única, debemos definir un conjunto distinto de actividades para brindar una mezcla única de valor.

Es por todo esto por lo que nuestra visión, nuestro objetivo, tiene que estar orientado hacia la Dirección Estratégica, dejando atrás la Planificación Estratégica clásica. Y para lograrlo, es de vital importancia llevar a cabo un proceso de reflexión, que esté perfectamente hilado con la gestión de la empresa, analizándolo en su transcurso y adaptándolo en la medida de lo posible, pero de forma constante. Será para esto necesario vigilar de forma sistemática los cambios, reorientándolos al modelo de negocio. Este nuevo enfoque evolucionará permitirá exactamente eso, llevarnos a la Dirección Estratégica, en lugar de quedarnos en la Planificación.

Como conclusión, innovar ya no es un valor añadido, la innovación se ha convertido en el único camino hacia la competitividad. Y ante este hecho, es más necesario que nunca pararse un rato y reflexionar: ¿En qué soy realmente bueno? ¿Qué puedo hacer mejor que mi competencia?

Y tú, ¿te subes al tren del cambio?