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Estrenamos septiembre y con ello damos pistoletazo de salida a un nuevo curso académico. Los que se incorporan otra vez al trabajo, van poco a poco adentrándose en la rutina. Rutina… ¡qué gran palabra! En las fechas en las que estamos y después de un periodo de desconexión, es un concepto que escuchamos frecuentemente. En la oficina algunos comentan que la echaban de menos y que ven necesario volver a la actividad cotidiana. Otros, tratan de afrontar con resignación la vuelta a la rutina.  Nosotros nos planteamos lo siguiente: ¿nos gusta o no la rutina?

Lo que está bastante claro es que para esta pregunta no existe una única respuesta. Y esto es porque sobre ello, influirá la forma de ser de cada uno de nosotros. Quizás en esta ocasión podamos irnos a los extremos y dividir el mundo en dos tipos de personas. Por un lado, las que buscan llevar una vida rutinaria tanto en el ámbito profesional como personal, y por otro, las personas que disfrutan de la incertidumbre, de los cambios y las constantes sorpresas que les depara su día a día, más concretamente en el trabajo. Como profesionales de selección de talento y gestión de carreras profesionales, nos encontramos frecuentemente con personas que buscan un trabajo que les aporte dinamismo, así como la posibilidad de estar hoy aquí y mañana allí, evitar caer en la rutina, sobreponerse a la incertidumbre y llevar una vida más “excitante”.

En el otro bando están las personas que prefieren seguir unas costumbres y unas acciones que se repiten constantemente: las reuniones de trabajo los lunes a primera hora, el café de media mañana, las sesiones de running al atardecer, las comidas familiares de los domingos…  A priori, la vuelta a la rutina puede parecer aburrida, ¡con lo bien que vivimos de vacaciones! pero pensamos que los hábitos diarios resultan necesarios porque nos permiten organizarnos, planificar mejor nuestro tiempo y nos dan esa seguridad de tener “todo controlado”.  En verano es maravilloso desactivar las alarmas y vivir sin reloj, haciendo en cada momento lo que apetezca. Pero ahora que nos adentramos de nuevo en la vorágine del día a día, creemos que resulta necesaria la recuperación de la agenda, mantener la cabeza ordenada y así evitar los imprevistos y la incertidumbre.

Pensamos que incluso dentro de la actividad impredecible por la que se decantan algunas personas, algo de rutina es imprescindible. Ésta nos aporta orden, y una buena organización es esencial para ir afrontando pequeños retos sin tener la sensación de que haya cosas que se nos escapan. Por otro lado, en el equipo tenemos gente a la que le tranquiliza sobremanera saber qué les va a deparar el día de mañana o qué es lo que estarán haciendo el miércoles que viene. Para ellos, pensamos que cualquier actividad que hagan, por mínima que sea, saliéndose de esa rutina (ir al cine un martes por la noche, por ejemplo), puede aportarles un “subidón extra” que hará que disfruten de los pequeños placeres.

En definitiva, creemos que es muy difícil sacar una conclusión que nos decante hacia un lado o al otro, habría que hacer una investigación más exhaustiva para ello. Pero aquí os dejamos nuestra reflexión y recomendación, pues pensamos que la rutina nos beneficia en varios aspectos, ayudándonos a organizar nuestro tiempo y nuestra mente, a mejorar la calidad del sueño y mejorar nuestra autodeterminación. ¿y tú qué opinas?